sábado, 15 de marzo de 2014

¿Cuándo la ansiedad se convierte en enfermedad?

¿Cuándo la ansiedad se convierte en enfermedad?
Entre un 20 y un 30% de las consultas al médico de cabecera se refieren a la ansiedad y la depresión. La ansiedad es un fenómeno natural de adaptación ante situaciones de estrés que depende de los rasgos de personalidad de cada individuo.

Según Miguel Gutiérrez, presidente de la Sociedad Española de Psiquiatría, quizá exista un exceso de consultas al médico ya que "no se puede 'patologizar' la vida cotidiana”. Sólo cuando los niveles de ansiedad aumentan demasiado y se vuelven inmanejables la ansiedad pasa a ser una enfermedad.

Una de las formas de la ansiedad patológica es la que se traduce en crisis de angustia. Son procesos esporádicos e imprevistos en los que la persona siente que su muerte es inminente, que va a sufrir por ejemplo un ataque cardiaco o una hemorragia cerebral, que sufre una enfermedad muy grave o que puede volverse loca.

Según explica Jerónimo Saiz, presidente de la Fundación Española de Psiquiatría y Salud Mental (FEPSM) y jefe del Servicio de Psiquiatría del Hospital Ramón y Cajal de Madrid, en esta situación la persona suele acudir a los servicios de urgencia de los hospitales donde tras las pruebas pertinentes se descartan los problemas físicos.

Estas personas pasan a sentir una ansiedad anticipatoria, lo que se denomina 'miedo al miedo’. Suelen peregrinar de medico en médico hasta que, de forma tardía, llegan al psiquiatra y reciben diagnostico y tratamiento. Algunas de las características de los cuadros de ansiedad patológica la hacen más fácilmente identificable y sugieren la necesidad de acudir al médico para frenar su avance y conseguir el tratamiento más adecuado.

El doctor Saiz repasa algunos de estos signos de alarma:

La ansiedad patológica es una emoción desagradable, molesta, desproporcionada e inmanejable. Es discapacitante e interfiere con la vida normal, ya que se establecen estrategias de evitación asociadas a aquello que nos produce la ansiedad. Así, el claustrofóbico puede evitar los ascensores, el acrofóbico los edificios altos o los viajes en avión e incluso se puede dejar de salir sólo a la calle si se padece agorafobia.

Se pierde tranquilidad con respecto al futuro, se espera siempre que pase algo malo. Se somatiza, la salud física se ve afectada a través de síntomas como opresión en el pecho, mareos, palpitaciones, sudoración, cansancio, cefaleas, dificultad para respirar o tragar, pérdida de apetito o colon irritable. Las fobias dan lugar a temores irracionales y generan cuadros de ansiedad que pueden afectar a la calidad de vida y por tanto necesitan tratamiento.

Crea dependencia, ya que supone que la persona enferma necesita estar siempre acompañada debido a la inseguridad que sienten. Las personas con ansiedad están desmoralizadas. La depresión puede ser consecuencia de la ansiedad patológica y cuando se sufre depresión suelen existir niveles elevados de ansiedad.

Genera gran inseguridad y dudas ante todo, se necesita asegurar y verificar las acciones, necesitan situaciones previstas y temen la naturalidad y creatividad. Produce problemas de insomnio, los trastornos del sueño no sólo impiden el descanso nocturno sino que durante el día llevan al cansancio y a la falta de rendimiento.

EUROPA PRESS

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